Uno de los primeros libros de diseño que leí es La Sintaxis de la Imagen, de Donis A. Dondis (y años después me sigue dando risa su nombre).
Básicamente este libro habla de la necesidad de una alfabetidad visual generalizada (literacy, que le llaman, pero en español no hay equivalente, asi que la traducción es asi de rara), que permita que la comunicación visual se desarrolle con la misma fluidez que la verbal. Con esto se refiere a que todos -y no solamente diseñadores, arquitectos y comunicólogos- tengamos una cierta comprensión de los elementos básicos de las imágenes. Una premisa indispensable si tomamos en cuenta que la vida en el 2010 nos bombardea constantemente con imágenes de todo tipo, y en muchos casos, nuestra comprensión de ellas es, por decir lo menos, pobre.
Evidentemente esta señora hace sus planteamientos desde el maravilloso ambiente académico de Boston, y muchísima gente me alegará que no están los tiempos para andarse preocupando por alfabetidades visuales cuando la inmensa mayoría en este pais no tiene acceso siquiera a la educación básica. Desgraciadamente eso es una verdad innegable y hasta cierto punto estoy de acuerdo. Ahora les explico por qué hasta cierto punto.
Pero antes de que lleguemos a eso, está lo realmente grave del asunto: Los "profesionales" de la industria de la comunicación de este pais tampoco son "visualmente letrados" por decirlo de forma cortés. Los anuncios, páginas web, programas de televisión -y un interminable etcétera- que se hacen en México son en su mayoría, una real y reverenda mamada. Evidentemente su composición es muy pobre, y ya no nos metamos en cuestiones de manejo tipográfico o cromático, porque nos soltamos a llorar. La cereza del tétrico pastel es que aquí todo el mundo piensa que con una foto horrible y mal iluminada que retrate el "concepto creativo" (ja!) ya la hicimos.
La herida duele todavía más cuando le echamos el limoncito de la maltrecha industria editorial. Mi queridísima y tan lastimada industria editorial.
Aquí un suit afirma que "hacer una revista es bien fácil: te agarras a uno que medio escriba y a otro que tome fotos y ya está". Jesuscristo Superestrella nos agarre confesados.
Pero bueno, yo no iba a hablar de esta rama de la industria editorial, sino de la que se ocupa de los libros.
Todo este choro viene a cuento por este post de Mon, que me dejó pensando en toda una serie de factores por los cuales nuestro país es incapaz de producir maravillas editoriales como las que tenemos a la izquierda.
Es una cosa muy compleja que involucra muchísimas razones y desde varios frentes, pero creo que a grandes rasgos se resume en lo que les explicaba al principio del post: La total ignorancia y analfabetismo estéticos que nos corroen como la Nada lo hacía con Fantasía (llevo varios días pensando en The Neverending Story).
Cual novela chafa de las 4 de la tarde: Diseñador inocente llega a la gran Editorial. Se enamora perdidamente de su proyecto, lo lee apasionadamente (oh si, lo hace suyo), y cuando está a punto de declararle su amor con un diseño de portada super-mega-spurruwow, el malvado suit tuerto (desde Catalina Creel, la onda son los villanos tuertos) le sale con que "esta portada jamás será tuya, muajajajaja!!!!" Diseñador, con el corazoncito roto, se entrega al alcohol, y suit decide que lo de hoy son las portadas como de libro Porrúa, porque "el mercado no está preparado para un diseño tan radical".
Bueno, eso depende de lo que se considere "mercado". Ahi siguen nuestros problemas: la mayoría de los mercadólogos tampoco tienen mucha idea de lo que estamos hablando, los estudios de mercado tienen la seriedad de una fiesta de disfraces. Y lo digo con conocimiento de causa porque yo he formado parte de varios, tanto como consumidora que le toma el pelo a la gentecita de la marca y le dice lo que quiere oir (si no no te daban regalito al final, y a los 17 años una secadora de pelo es un poderoso señuelo), como en el papel de fiscal del FBI, detrás de un cristal mientras observo el desarrollo de un focus group cuya finalidad es delimitar el mercado de la revista que diseño. Bullshit.
Y también lo sé porque yo misma he sido discípula de Satán: empecé la maestría en merca, pero me salí. Saben por qué? Porque en la maestría en merca te enseñan un chingo de patrañas administrativas, y nada, en verdad, N-A-D-A de semiótica o persuasión. Así no se puede.
And last but not least, el por qué estoy parcialmente de acuerdo con que todo este choro de la alfabetización visual es una nimiedad. Si, este pobre y sufrido pais tiene chorrocientoscincuentamil achaques de gravedad crónica (oigan, 200 años de madrazos son como para estar otros 200 en terapia intensiva) y necesitamos de veras extirparle el narco y hacerle un bypass a su aparato burocrático.
Peeero, un día mi querida amiga Avril me hizo ver que por más graves que sean estas enfermedades, a México también le duelen otras cosas y aunque no tengan la misma urgencia, requieren atención. En aquella ocasión hablábamos del combate a la crueldad animal y ahora lo retomo con este asunto de la alfabetización visual.
De verdad, no podemos aspirar a que el pais salga adelante si no le inyectamos cultura. Evidentemente se necesitan reformas a los organismos culturales y al sistema educativo, pero la guerra se gana con pequeñas batallas. Los medios tienen una GRAN responsabilidad de la que no son (o no quieren ser) conscientes, y si usaran su poder para promover productos de calidad, en vez de protagonizar esa novela chafa que les conté, podríamos ser el héroe/heroina de una historia digna del Pulitzer.
Un buen principio sería cambiar la idea generalizada de que la lectura es aburrida (como lo piensa un altísimo porcentaje de la población), y una parte super importante de esa misión sería producir diseños de portada que le tiren a las joyitas de la izquierda. Ya sé que "no se debe juzgar un libro por su cubierta", pero también es muy cierto que "como te ven te tratan". Ustedes a quien tratarían mejor, a una edición limitada, ilustrada y conmemorativa de -inserte aquí el título de su preferencia-, o a la versión de Porrúa? Como bien decía Mon, de todas formas los libros ya cuestan una fortuna. Aqui no es un issue de presupuesto, sino de voluntad para hacer las cosas.
Cambiemos nuestra mentalidad y tirémosle a lo grande, porque ya que andamos dicharacheros, "quien poco pide, poco merece".





