07 agosto 2012

De olimpismo, conformismo y cosas peores

Todo el mundo sabe que soy la menos entusiasta para los deportes. Hay sus excepciones, como la gimnasia, los clavados, los deportes extremos y los invernales, particularmente el patinaje artístico, que amo con locura desenfrenada.

Esto reduce mis emociones deportivas a los X-Games, los Olímpicos y a veces, cuando algún buen samaritano en ESPN así lo dispone, a las transmisiones de los mundiales de patinaje. Other that that, I'm doomed.

Estos extraños gustos míos, en un país que "desayuna, come y cena futbol" son prácticamente un pecado capital.

Y encima, odio el futbol. Ok ya, lo dije.

En realidad no tengo nada contra el deporte per se, para mi es igual que el basket: no me gusta, me aburre a muerte y la neta no entiendo por qué les emociona tanto. Pero el basket es harmless, el futbol es un arma de manipulación masiva. Los Romanos decían que al pueblo se le controlaba con "pan y circo", pero en México, año 2012 D.C. ni siquiera es necesario el pan. Con tantito futbol es suficiente.

Es el equivalente deportivo de las telenovelas. En cuanto el mentado baloncito sale a la cancha, todo el país se paraliza. Se les (y nótese LES, porque no me incluyo) olvida absolutamente todo lo que pasa en el mundo, lo bueno y lo malo, sus protestas políticas, el negro futuro del país, el turbio presente, y básicamente todo lo que en realidad importa, sus familias/amigos/otro significativo incluidos (a menos que compartan el vicio). Porque claro, el futbol es "lo más importante de lo menos importante" escuché decir a José Ramón Fernández alguna vez.

Si juega la selección, es perfectamente aceptable que dejes de trabajar y te largues a ver el partido mientras te tomas una chela. Si tienes cualquier otro tipo de interés, evidentemente no. Todo el mundo se queja de que no tiene dinero, que "la situación está bien difícil, joven",  pero no les importa poner en riesgo sus trabajos con tal de ver el partido llueve, truene o relampagueé.

Y si por lo menos México brillara internacionalmente como potencia futbolera, lo entendería. Entendería perfecto que el país se refugiara en su deporte nacional para evadir de alguna forma el escabroso panorama, como lo hacía Brasil con Ayrton Senna a mediados de los 90. Pero no.

Es insultante la cantidad de dinero que se meten los futbolistas, y más tomando en cuenta que suelen jugar al "ahi se va". Es insultante para los demás deportistas de la delegación mexicana, que se parten la madre toda una vida para lograr ir a una competencia internacional y dar lo mejor que tienen para poder aspirar al podium. Y ahora, estos tipitos regresarán como héroes nacionales porque por una vez en la vida, se dignaron a jugar bien y traerán a casa una medalla. De qué? Quién sabe, pero eso no importa. Lo importante es que "están haciendo historia" en el futbol nacional. Pfffff.

Y esa es otra: si México no brilla en cuestiones deportivas no es porque falte talento, sino porque en muchos casos faltan recursos, y en muchos otros, sobra mediocridad.

Somos un país que se conforma con un bronce. Con una plata estás rayado, y ya no digamos un oro, porque ese ni siquiera lo visualizamos. No tenemos el drive de los rusos o los chinos, que para todo son buenos. Pero ojo, no son buenos porque así nacieron, son buenos porque literalmente sacrifican sus vidas en aras de su deporte (de hecho el sistema de selección y entrenamiento chinos han sido severamente cuestionados por rayar en la explotación y la esclavitud).

Así que antes de pinchear al chinito que ganó en clavados, o a la gringa que se llevó el oro en whatever (porque a los pobres chinos y a los gringos, se los traen entre ceja y oreja. Ardor, que le llaman...) piensen en el trabajo duro y la constancia que hay atrás. Dejen de prejuzgar y tómenlos como ejemplo.

Y antes de poner en un altar a su adorada selección, sean objetivos y evalúen si realmente jugaron para ser campeones o si su medalla fue pura buena suerte (la verdad no sé como jugaron hoy, evidentemente no vi el partido).  Lo mismo con el resto de los medallistas mexicanos. Reconozco plenamente sus triunfos y me da mucho gusto que el deporte nacional esté avanzando. Pero que un par de platas no nos hagan perder el piso: aún no llegamos a la meta.

El día que la delegación mexicana vaya a los Olímpicos con la mentalidad (y la preparación, obviamente) para traer a casa medallas de oro, el día que dejen de conformarse con "hacer un buen papel" (que va desde la plata hasta el lugar 29, porque "pues ya clasificó y ESO es lo importante") y regresen con un oro, ese día, el deporte nacional hará historia. Antes, no.

No hay comentarios: